lunes, 5 de mayo de 2008

Homenaje a dos genios

Dentro de dos días será 7 de mayo. Hace un año, ésta fue una fecha alegre; ahora, la recuerdo con tristeza. Aquel 7 de mayo las páginas interiores del diario El País estaban repletas de anuncios publicitarios de la Cadena Ser. El eslógan, Ya estamos todos; la foto, Carlos Llamas. En efecto, era la noticia más esperada por todos aquéllos que, como yo, nos dormíamos cada noche escuchando su voz nocturna y socarrona en las ondas de Hora 25. Una voz que, año tras año, nos había contado y analizado la actualidad de cada jornada, que sus oyentes escuchábamos con una oreja, mientras que la otra descansaba sobre la almohada. Esa voz dejó de oírse bruscamente en septiembre de 2006, sustituida por el tono tranquilo de su compañero Juan Antonio Marcos. Al principio no le dí más importancia; al cabo de un tiempo empecé a buscar en internet alguna información. Unos decían que estaba enfermo, otros que había sido cosa de Polanco. Hasta que apareció ese anuncio en El País. Normalmente enciendo la radio a eso de las 11, pero aquel 7 de mayo la puse a las 9, con el fin de volver a escuchar aquella voz. Estaba cansada, titubeante, confusa, pero mantenía la aguda ironía de siempre: "los que hemos probado el cáncer les saludan".



En efecto, fue un cáncer de laringe lo que mantuvo apartado a Charly del micrófono amarillo de la Gran Vía 32. Carlos Llamas volvía, y lo hacía para quedarse. Pero no aguantó ni cinco meses. Un 4 de octubre, a las 11, como es habitual en mí, encendí la radio. La voz de Marcos era desoladora, el silencio de la habitualmente ruidosa tertulia, sepulcral. Charly se había ido para siempre. Aquella voz grave que oía salir del dormitorio de mi padre cuando yo era un crío, que luego descubrí personalmente por medio de mi primer transistor, y que me entregaba cada noche a los brazos de Morfeo, había querido imitar el viaje a la eternidad de una onda de frecuencia modulada.

Murió Llamas, la voz de lunes a viernes. Sin embargo, quedaba otra voz, la que me recibía cada sábado cuando llegaba a casa después de una noche de fiesta, o la que me acompañaba en el tradicional insomnio de la noche del domingo. Esta voz también era grave e irónica, quizás más elegante, quizás más cercana. Juan Antonio Cebrián, director de La Rosa de los Vientos, seguía narrando sus inolvidables Pasajes de la Historia, navegando en las tenebrosas aguas de La Zona Cero, y defendiendo el medio ambiente como solo él sabía. Veinte días después de la muerte de Llamas, una seca y fría voz en off tomó el micrófono de Onda Cero a la hora en la que tenía que oírse a Cebrián: "...un infarto inoportuno, 42 años..." Dos genios de las ondas habían querido irse juntos en menos de un mes. Y entonces, recordé las palabras que había pronunciado Cebrián un año antes: "cada día se nos va una docena de genios, y nadie se da cuenta". Qué gran verdad. Casi nadie se acordó de ellos en los medios. Por eso, desde aquí quería hacerles este humilde homenaje y recordar, que un día, sus voces envolvieron la espesa oscuridad de mi dormitorio.

1 comentario:

Pedro Páramo (RBB) dijo...

Muy buen artículo. Emotivo hasta el final. Tengo que reconocer que no les conocía de nada, pero me ha resultado conmovedor.
En fin, que estaré esperando una nueva entrada en este blog :p.
Ciao