domingo, 4 de mayo de 2008

Inauguración del blog

Buenas. Tras bastantes meses de resistencia, he acabado sucumbiendo a las presiones que ciertas personas ya iniciadas en esto del bloggeo han ido ejerciendo sobre mí. La verdad es que al cabo de un cierto tiempo de reflexiones esporádicas (en la sala de espera del médico, en la parada del autobús, en la oficina de atención al ciudadano de la Junta,...) he decidido que no era tan mala idea. ¿Y en que me he basado para cambiar tan drásticamente de opinión, y optar por ponerme a gastar este mi precioso y escaso tiempo en escribir cosillas que acabarán con seguridad teniendo una repercusión más propia de un vis-a-vis que de una página web abierta al mundo entero? Bien, empecemos por el principio. Hasta hace poco, yo era de aquéllos que, entre ilusionado e incrédulo, confiaba en que contar mis opiniones acerca del état des lieux del mundo, del país, de mi barrio, era algo interesante y enriquecedor no solo para mí sino para los interlocutores de turno. Por eso, aprovechaba cualquier situación en la que se tocara algun tema de actualidad para dar a conocer mi punto de vista acerca de la cuestión tratada. De ahí salieron no pocas tertulias e intercambios de pareceres en la cafetería de la facultad, en el bar de la esquina, o en cualquier rincón oportuno para el caso. Sin embargo he aquí que llegaron las elecciones, clímax del choque ideológico y una oportunidad para dar a conocer lo que cada uno piensa acerca del estado actual y futuro del país. El caso es que por aquel entonces me di cuenta de lo inútil de estas discusiones; no se trataba de discusiones comedidas y dialogantes sino de debates a lo Salsa Rosa donde cada uno vociferaba lo que había leído (o había creído leer) en el periódico apropiado para la causa que defendía, sin poder esperar la posibilidad de provocar un cambio de opinión en el interlocutor. Es más, me di cuenta de que nadie se escuchaba, sino que en realidad cada uno aprovechaba la plática del otro para ir pensando sus respuesta. Y ya por último, y lo más triste, me acabe dando cuenta de que nadie deducía argumentos a partir de su propia razón, sino que se limitaban a buscar razones para el argumento que defendiera el político de turno, y por ende el resto del partido, militancia y simpatizantes. Así que, viendo el fracaso de estas tertulias, desde entonces me limito a comentar el partido del Madrid o me entrego al deporte nacional (ya se sabe, el comadreo) mientras como el pincho de tortilla en la cafetería. Pero como la mente, al igual que el cuerpo, también requiere su ejercicio regular, he decidido utilizar este lugar para decir lo que me venga en gana, esperando que, aunque no sean muchos, los que lean esto sean más que los que fingen escuchar en la cafetería de la facultad.

1 comentario:

Roger dijo...

Bueno, al final he decidido leerlo hoy. Y bueno, no está mal. Estoy de acuerdo en lo que nadie escucha a nadie, cosa típica. Aunque eso de hablar en los "cafés" suena a viejuno.
Ale, hasta luego fan de la política.

Pedro Duque (Balaguer)