domingo, 8 de junio de 2008

El mayor descubrimiento de la historia

Hoy voy a ponerme filosófico, ya está bien de limitarme a tratar asuntos mundanos que, a fin de cuentas, se pueden discutir y vociferar en cualquier barra de bar. Así que voy a dedicar esta entrada a recopilar los pensamientos que a uno le vienen en esta época de exámenes, cuando ya llevo cuatro horas delante del libro de embriología y empiezo a sufrir en mi consciencia los efectos de tal nociva exposición. Entonces, además de ver la habitual colección de fetos sentados por la biblioteca, me vienen a la mente sugerentes reflexiones que en condiciones normales nunca me aparecen.

Así pues, empecemos, paso a paso, métodicamente, como diría aquél.
Premisa 1) El ADN contiene la información genética que define a un individuo como tal.
Premisa 2) Los gemelos monocigóticos, resultado de la división del cigoto después de la fecundación, tienen el mismo ADN.
Conclusión: Los gemelos monocigóticos son individuos idénticos.

Y esto es lo que no me cuadra. La identidad individual definida por el material genético. Vale, que Zipi y Zape eran iguales lo admitimos todos, misma cara, mismos ojos, mismas pocas ganas de estudiar, misma pasión futbolera, etc. Zipi se teñía el pelo pero era por gusto de su madre. En definitiva, hay muchísimos ejemplos que observamos diariamiente, todos conocemos a un par de gemelos idénticos. Ahora bien, me falta algo, algo que no es igual en ambos a pesar de que tengan un ADN idéntico, me falta saber qué define su consciencia. Y no me he equivocado, digo bien consciencia y no conciencia. No logro entender qué determina que yo me encuentre dentro de mi cuerpo durante toda la vida, pues si me clonaran o tuviera un hermano gemelo no estaría simultáneamente dentro del suyo, a pesar de ser biológicamente idéntico a él. ¿Es el alma? ¿Es la consciencia? ¿Qué componente bioquímico la define o determina?

Uno puede pensar, joder, que suerte tuve, de entre todos los espermatozoides que asaltaron al ovocito, tuve que ser yo. O incluso, de entre todos los ovocitos que andaban esperando en el ovario, justo fecundó el mío. Y nací yo. ¿Yo? ¿Sólo pude ser yo? ¿Y por qué yo y no mi hermano gemelo no nato? ¿Dónde está él ahora? Él tendría también su propia consciencia, y si ya es putada no nacer porque no ha coincidido el buen espermatozoide con el correcto ovocito, más putada es no nacer a pesar de que sí han coincidido. ¿Quién maneja entonces la repartición de la consciencia? ¿Qué moléculas (me suena tan banal llamar molécula al alma) determinan la auténtica individualidad, no solo física, sino moral? No puedo admitir que soy yo solo porque lo dice mi ADN, insisto, pues mi hermano gemelo también podría decirlo, y sin embargo, no ha nacido.

Siempre he dicho que prefiero que se gaste el dinero en paliar el hambre en el mundo que en buscar vida en otros planetas. Siempre lo he dicho a pesar de que, en lo más profundo de mí, estoy deseando que se invierta en viajes espaciales y en telescopios cada vez más potentes, que la ciencia vaya poco a poco ocupando las parcelas de la filosofía. Descubriendo los misterios por los cuales la humanidad se ha roto la cabeza durante tantos milenios. Por eso digo que prefiero que se investigue en curar el cáncer que en buscar la esencia del hombre, pero en lo más hondo de mi ser, creo que la explicación científica del alma sería, sin duda, el más espectacular descubrimiento de la historia de la medicina.

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