lunes, 28 de julio de 2008

Por qué el boicot es necesario

Quedan pocos días para que den comienzo los Juegos Olímpicos de Pekín. Hace unos meses, existían grandes dudas acerca de la capacidad de China para organizar tal acontecimiento en el tiempo establecido, y sobre la idoneidad de que un país que no respeta los mínimos derechos humanos sea el abanderado de una celebración símbolo de respeto, libertad y diversidad.
Durante el conflicto del Tibet, fueron muchos los líderes occidentales que se manifestaron favorables a un boicot contra China, algunos de gran calado como el presidente Sarkozy. Parecía que por una vez Europa, adalid de la libertad, iba a dar prioridad a sus valores clásicos y originales frente a los intereses político-comerciales. Sin embargo, tal esperanza se desvaneció después de algunos encuentros diplómaticos que pretendían normalizar relaciones. La corrección política se impuso entonces, y todos pudimos asistir a una sorprendente metamorfosis de los discursos occidentales.

Desde entonces, los defensores del boicot han quedado relegados a un segundo plano, casi de marginalidad y radicalidad. Ya no cuentan con el apoyo y la simpatía que muchos les profesaban, y ahora son vistos con esa mirada de rechazo, tan conocida por ecologistas, anarquistas, naturalistas, y otros grupos alternativos marginados de la palestra. En definitiva, han sido prácticamente olvidados por los medios de comunicación, más preocupados en promocionar su cobertura informativa para los Juegos. Por ello, me alegra encontrar en El País un interesante artículo del doctor en Ciencias Políticas, José Ignacio Torreblanca, del cual expongo un extracto:

"Durante los últimos meses se ha discutido mucho acerca de si había que boicotear o no los Juegos. Pero tanto como nos gustaría que China cambiara de actitud en algunos asuntos clave, desde la libertad de prensa a la pena de muerte, pasando por Tíbet, también debemos reconocer que una medida tan extrema y que acarrearía consecuencias muy negativas, sólo tendría sentido si la aplicáramos de forma consistente y sin posibilidad de ser acusados de sostener un doble rasero.
¿Hubiéramos los europeos boicoteado los Juegos Olímpicos si éstos se hubieran celebrado en Estados Unidos en el año 2004, coincidiendo con la invasión de Irak, la negativa a aplicar la Convención de Ginebra, el memorando de Bush autorizando la tortura, la puesta en marcha de Guantánamo, los vuelos secretos, los secuestros en suelo europeo y las cárceles ilegales de la CIA? Seguramente no. Al fin y al cabo, no sólo hay contradicciones en Pekín."


Sin embargo, no puedo estar de acuerdo con la comparación de Torreblanca, aunque sí en su fondo. El boicot a China no tiene el mismo sentido que uno similar a Estados Unidos, pues en China gobierno, estado y partido son lo mismo, y son perennes. Penalizar a Estados Unidos por la nefasta actuación de un gobierno temporal, reelegido cada cuatro años, no tiene sentido. En definitiva, el carácter democrático del país norteamericano hace inviable e irresponsable un boicot contra él. Sin embargo, teniendo en cuenta que gran parte de los beneficios de los Juegos irán a parar a las arcas de un partido de tiranos, con los que alimentarán y aumentarán su poder, el boicot contra China adquiere todo un sentido.

Y algún viejo conocido me recordará: "¿No eras tú quien defendía hace cinco años el boicot a Estados Unidos por la Guerra de Irak?". Y mi respuesta es: "Exacto". Ahora bien, en aquellos tiempos propuse una lista de empresas a las que boicotear, pues financiaban la campaña republicana y aprovechaban la coyuntura para invertir en suelo iraquí, apoyándola económicamente y beneficiándose de una guerra ilegal. Igual que nunca apoyaría una campaña contra Google, que financia la campaña de Barack Obama, tampoco estaría a favor de boicotear la celebración en un suelo en que, al fin de cuentas, es suelo democrático.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Un pequeño comentario que añadir. .

Es suelo democrático. . cuando, como, donde y con quien ellos crean conveniente.