lunes, 8 de septiembre de 2008

Gustav I el Terrible

Existen ocasiones en las cuales se pone de claro manifiesto el poder de los medios de comunicación para influir en nuestras opiniones. De hecho, yo diría que la visión que la mayoría de nosotros tenemos del mundo no es más que la que el redactor del telediario (a su vez, influenciado por intereses políticos, económicos o culturales) nos quiere ofrecer.

Digo esto unos días después de que el mundo se paralizara ante la llegada del huracán Gustav a las costas de Luisiana. En efecto, observando las portadas de los periódicos o los titulares de los telediarios parecía que en vez de un huracán los que llegaban a Estados Unidos eran los cuatro jinetes negros del Apocalipsis. Los hombres más poderosos del planeta paraban en seco sus apretadas agendas (recordemos que George Bush no ha encontrado un huequecito para visitar España en los últimos cinco años) y dedicaban todos sus esfuerzos en proteger su querida, bohemia e interesante ciudad de Nueva Orleans (no se sorprendan, fue fundada por franceses). Por suerte para ellos, las predicciones catastrofistas y alarmistas de los estadounidenses, seguidas a pies juntillas por los medios europeos, no fueron tan realistas y el paso del huracán por Georgia, Florida y Luisiana (que juntos suman la superficie de España) se saldó con la friolera de ocho muertos, es decir, los que nos salen a nosotros por un temporal cabroncete en Galicia. Y sin embargo, por si alguien no se había enterado, en Haití, República Dominicana y Jamaica (todos juntos con la extensión de Andalucía) Gustav causó 86 muertos y centenares de personas sin hogar. Esto de "centenares de personas sin hogar" suena tan repetitivo que ni lo procesamos mentalmente, pero imagínense despertarse un día entre escombros, con sus cientos de sus vecinos deambulando cual alma en pena por los alrededores, sin lugar donde resguardarse de la lluvia y el viento.

Pero claro, oiga, que EE. UU. es Occidente, son como nosotros, nuestra cultura... a ver a quien se le ocurre empezar el telediario con los muertos de islas de mulatos que no interesan a nadie (eso a pesar de que Haití y República Dominicana estén en la isla de la Española, colonia nuestra durante dos siglos, donde arribó Colón en su primer viaje, donde se hundió la Santa María, y donde un millón de personas hablan español). El sesgo de los medios de comunicación es tan descarado que acabamos por creernos que los Estados Unidos han sido las auténticas víctimas del paso del Gustav, problema al fin de cuentas efímero y de consecuencias más que moderadas.

No son tan efímeros ni moderados otros "problemillas" de los que no se habla y que, por supuesto, no afectan ni a EE.UU ni a Europa. Hablo de esos 1 400 millones de personas que no tienen acceso directo a agua potable o de los 800 millones que no tienen posibilidad de atención sanitaria. Pero claro, un americano consume 425 litros de agua al día, para qué preocuparnos de los 10 litros al día que utiliza un malgache. ¿Y qué pasa con los 4 millones de niños que mueren cada año por beber agua insalubre? ¿No son muchos más que los pobres chiquillos que tuvieron que pasar una semana en un gimnasio fuera de Nueva Orleans? Tampoco se habla de los 12 millones de niños que mueren cada año debido a enfermedades banales de fácil curación, de los 250 millones de chavales explotados, del millón de huérfanos por causas bélicas o de los 12 millones de niños sin casa debido a conflictos armados (solo en Afganistán hay 100 000 niños inválidos debido a la guerra). Nos olvidamos también de los 850 millones de analfabetos, o de los 30 millones de personas que mueren de hambre cada año en el mundo... 30 millones... la población de toda Luisiana... multiplicada por ocho....

Cuánta hipocresía, cuánta lamentación por temas banales, cuánta falta de escrúpulos y de conciencia de los hombres poderosos. Cuánto escándalo por un huracán que mató a 8 mártires. Cuánta preocupación por el país más poderoso del mundo, el que en más guerras ha participado durante el siglo pasado y... paradójicamente... el causante número uno del incremento progresivo de la intensidad de los huracanes. Pobres americanos.

1 comentario:

DLR dijo...

Sin duda, vivimos en un mundo mediatizado por el Tio Sam. En cuanto a todas esas cifras de niños sin hogar y demás, creo que hace mucho tiempo que la sociedad ha decidido olvidarlos por el mero hecho de que son números dolorosos, números que nos hacen recordar la mierda de mundo que construimos a diario. Por desgracia, también nuestras propias mentes tienden a querer restarles importancia..¿por qué sino somos capaces de comer viendo el telediario?

Buen post. Saludos