domingo, 14 de septiembre de 2008

La salvajada anual de Tordesillas

El próximo martes tendrá lugar en la villa de Tordesillas la conocida celebración del Toro de la Vega. Para los no iniciados, esta respetable tradición consiste en soltar un toro por las calles del pueblo mientras los habitantes del susodicho lugar cabalgan detrás de él armados con lanzas de dos metros de largo, con las cuales se hiere al toro hasta que muere. Acto seguido, y como colofón a tal honrosa ceremonia, el lancero responsable de la última estocada le corta los testículos y el rabo al animal y los pasea por el pueblo clavados en la punta de su lanza. Como puede observarse, en el mismo lugar donde hace cinco siglos los monarcas de España y Portugal se repartieron el mundo, ahora se reúnen una banda de individuos dispuestos a mantener viva una de las ceremonias que más avergüenzan a los españoles en general, y a los vallisoletanos en particular.

No pienso pedir la prohibición de estos festejos basándome en el sufrimiento del toro. Primero, porque sufrir es inherente a la naturaleza animal, y el que diga lo contrario, que se vea los documentales de la 2. Lo normal del estado salvaje es el sufrimiento, la depredación, la lucha por el alimento o por el territorio, la dentellada del tiburón, el desgarro ventral de la cebra atacada por el león, el estrangulamiento de la anaconda o la decapitación de la mantis religiosa. Segundo, porque hasta ahora ningún toro se ha parado a contarnos cómo afronta psicológicamente los momentos previos a la celebración, con esto quiero decir que no sabemos con certeza cuál es el nivel de auto-consciencia de un animal como para poder afirmar con certeza si sufre mucho, poco, o se lo toma de buen rollo.

Sin embargo, el Toro de la Vega me sigue pareciendo una salvajada propia de tiempos remotos. Lo que me disgusta reside sobre todo en el comportamiento humano. No logro entender en qué cabeza medianamente amueblada cabría encontar disfrute en la tortura innecesaria de un animal... bueno, en realidad sí que lo entiendo, se trata del indeseable placer que produce el obrar mal refugiándose en la masa. Me explico: nadie quema papeleras o grafitea cajeros en solitario, por su cuenta. Por el contrario, cuando a un individuo se le juntan otros, cada uno de ellos experimenta una agradable sensación de superioridad y poder fruto de su pertenencia a un colectivo. Ya son varios, ya son fuertes, ya pueden dominar. Es el mismo proceso que ocurre en los estadios de fútbol, el placer del insulto al árbitro amparándose en el anonimato que conlleva la pertenencia a una masa. Obviamente, pocos de esos energúmenos se atreverían a enfrentarse en duelo contra el fortachón de Mejuto González, pero al formar parte de la hinchada parecen creerse autorizados a todo, en un claro acto de cobardía.
Pues bien, lo mismo ocurre en Tordesillas. El placer reside en poder dominar al toro, humillarlo, torturarlo. Un animal con un físico claramente superior al nuestro, capaz de matarnos a cornadas en pocos segundos, se convierte en una presa del hombre, en una víctima del ser humano actúando en manada. En definitiva, el morbo de la dominación colectiva, algo realmente cobarde para cualquier persona con un mínimo de dignidad. La pertenencia a un grupo parece hacernos prescindir de nuestra propia identidad, y nos olvidamos de actuar de acuerdo con nuestros propios principios para adherirnos a los deseos de la mayoría.

El hombre, sin embargo, posee una mente, una inteligencia capaz de conducirlo por el camino de la razón. Los valientes han sido y serán los que, convencidos de una idea, la defendieron aún contra los intereses de la mayoría, los que fueron capaces de ser fieles a sí mismos y resistieron la opción fácil de unirse al rebaño. Sin embargo, en Tordesillas no parecen pensar así. Esta gente es incapaz de renunciar a una estúpida tradición y prefiere que toda España contemple con incredulidad el abuso de un animal indefenso por parte de todo el pueblo unido bajo la misma sed de poder y dominación. Y lo más triste de todo, como expone orgullosa la web oficial del festejo... con la colaboración de la Excelentísima Diputación Provincial de Valladolid.


A continuación he subido unos vídeos que no tiene desperdicio. El enfrentamiento entre los hooligans de Tordesillas y los buscadores de morbo de "Está Pasando". España en estado puro...







1 comentario:

Crotalinae dijo...

Estoy de acuerdo en todo, salvo en una cosa.

El hecho de que no conozcamos el grado de consciencia intelectual del toro no me parece óbice para pretender que lo cruento de esas fiestas no se halla en su sufrimiento.

Para mí el problema reside en que en España la gente considere arte y cultura asesinar al macho de la vaca como si de hormigas con una oruga se tratase.

Matar a un perro está penado con multa y con cárcel. Matar a un toro haciéndolo sufrir lo indecible tiene subención de la junta. El país de la pandereta da mucho asco.

Saludos