martes, 23 de diciembre de 2008

Esperanza violeta

Ocurrió una fatídica tarde de hace poco más de un año. Aquel domingo, Antonio, 20 años, estudiante de Telecomunicaciones, se levantó dispuesto a celebrar por todo lo alto el ascenso del Real Valladolid, que presumiblemente se produciría aquella misma tarde si el Pucela ganaba en Tenerife. Así fue, poco antes de las 7 de la tarde el árbitro pitó el final del encuentro con victoria visitante, desatando la euforia colectiva en las calles de la ciudad castellana.
Antonio, como otros miles de personas, se dirigió a la Plaza Zorrilla, cuya fuente se convirtió en el centro neurálgico de las celebraciones por el ascenso logrado. Iba acompañado por unos amigos de su colegio mayor, pues él es natural de Cáceres. Y como muchos otros, se metió en las frías aguas de la fuente entre un gran ambiente festivo.

Sin embargo, el caprichoso destino le tenía reservado un dramático giro en su vida. Antonio dio un paso en falso, resbaló y cayó en la fuente. En seguida vio sangre, aunque pensó que se trataría de una herida sin importancia. Entre pérdidas de conciencia fue trasladado al hospital, y allí le dijeron que no volvería a andar. Antonio había perdido la movilidad y sensibilidad de las piernas, así como la sensibilidad de sus brazos. Fue trasladado al Centro de Lesionados Medulares de Toledo donde pasó los siguientes ocho meses de su vida.

Antonio tuvo que acostumbrarse a los cambios que experimentaron aquellas cosas que nos parecen cotidianas y banales, como vestirse, lavarse, o entrar en un bar. Mientras, la vida parecía seguir su curso, el Valladolid luchaba por la permanencia, sus amigos se mudaron a un piso de estudiantes y los colores de los campos castellanos iban cambiando su color en función de las estaciones. Pero Antonio, con inconmensurable coraje, fue adaptándose a ellos, y por fin, sobre una silla de ruedas, salió de Toledo

Sin embargo, en el Real Valladolid, un club que lucha cada año para sobrevivir económicamente, no se quedaron con los brazos cruzados. Además de los homenajes y el cariño con el que jugadores, peñas y público obsequiaron a Antonio, se creó una fundación en su nombre que, gracias a la venta de décimos de lotería de Navidad, consiguió recaudar 5.130 euros. Por otro lado, la Federación de Peñas y la web blanquivioletas. com sumaron otros 2.000 euros gracias a la recaudación del Torneo de Fútbol 7 que lleva el nombre de Antonio. De esta forma, el próximo día 5 de enero, a las 9 de la mañana, se le extraerán células madre de su cadera en el Centro X Cell Center de Colonia. El día 7, también a las 9, esas células serán injertadas en su región lumbar. El coste total del tratamiento, sin embargo, se elevará a 27.000 euros, todo por una pequeña luz de esperanza que permita soñar con una mejoría en las piernas de Antonio.

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Esta misma semana, un millonario saudí pagó 7.240.000 euros por los zapatos lanzados al presidente Bush en Bagdad.